Miami Dolphins de 1972: la temporada perfecta en la NFL
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Los Miami Dolphins de 1972 completaron una campaña sin derrotas ni empates, una hazaña todavía única en la historia del futbol americano. El equipo dirigido por Don Shula ganó sus 14 partidos de temporada regular, superó dos eliminatorias de Playoffs y venció a Washington en el Super Bowl VII. El balance de 17 victorias y 0 derrotas se convirtió en una referencia inigualable.
La proeza no consistió únicamente en encadenar triunfos. Miami combinó una ofensiva terrestre dominante, una defensa extraordinariamente eficiente y la capacidad de adaptarse cuando perdió a su quarterback titular por lesión. Más de medio siglo después, ningún otro equipo de la liga ha conseguido ganar todos sus encuentros y terminar levantando el trofeo.
Don Shula transformó a una franquicia joven
Los Dolphins habían debutado en 1966 como una franquicia de expansión de la antigua AFL, y todavía buscaban estabilidad cuando Shula llegó en 1970. Su impacto fue inmediato: llevó al equipo a los Playoffs en su primera campaña y al Super Bowl VI en la siguiente. Miami perdió aquella final ante Dallas Cowboys, pero la experiencia le permitió llegar mejor preparado al siguiente intento.
Shula construyó una identidad basada en disciplina, control de la posesión y pocos errores. El entrenador no necesitaba que su ofensiva recurriera continuamente a pases largos, porque contaba con una línea sólida y corredores capaces de mover las cadenas. Su manera de administrar los partidos terminó siendo una de las principales señas de identidad del campeón invicto.
Un ataque terrestre que hizo historia
El motor ofensivo fue la combinación de Larry Csonka, Mercury Morris y Jim Kiick. Csonka sumó 1,117 yardas por tierra y Morris alcanzó exactamente 1,000, convirtiéndose en los primeros compañeros de equipo que alcanzaron juntos esa barrera en una misma temporada de NFL. Kiick complementó el trabajo con otras 521 yardas, además de aportar versatilidad en situaciones de corto avance.
Los Dolphins acumularon 2,960 yardas terrestres durante la fase regular, un récord de la liga en aquel momento. Esa fortaleza permitía reducir los riesgos, consumir tiempo del reloj y obligar a los rivales a defender durante largas series. Cuando necesitaban abrir el campo, el receptor Paul Warfield representaba una amenaza capaz de castigar a las defensivas por aire.
La defensa sin nombre que dominó la liga
Al otro lado del balón sobresalió la denominada No-Name Defense, la “defensa sin nombre”, que destacó por su coordinación y contundencia. El linebacker Nick Buoniconti ejercía como líder, acompañado por jugadores fundamentales como Manny Fernandez, Jake Scott y Dick Anderson. Su trabajo permitía limitar el avance rival y recuperar la posesión en momentos decisivos.
Los números explican esa superioridad: Miami anotó 385 puntos y recibió solamente 171 en sus 14 juegos de temporada regular. Además, terminó como líder de la NFL en ofensiva total, defensiva total, puntos anotados y puntos permitidos. El triunfo 52-0 sobre New England Patriots también ilustró su contundencia. Su perfección no dependió de una estrella, sino del equilibrio colectivo.
La lesión de Bob Griese pudo cambiarlo todo
Una de las mayores pruebas llegó en la quinta jornada, cuando el quarterback titular Bob Griese sufrió una grave lesión ante San Diego Chargers. Lejos de derrumbarse, Miami encontró una solución en el veterano Earl Morrall, quien asumió la conducción de la ofensiva. Su experiencia y comprensión del sistema mantuvieron el funcionamiento colectivo mientras Griese se recuperaba.
Morrall condujo al equipo durante buena parte de la temporada regular y contribuyó a conservar el invicto. Shula sostuvo el mismo enfoque de juego, sin exigirle al suplente una transformación radical de la ofensiva. Griese regresó durante la final de conferencia contra Pittsburgh y recuperó la titularidad para el Super Bowl, otra muestra de la fortaleza del plantel.
Tres victorias más para completar el 17-0
Después de cerrar la temporada regular 14-0, Miami todavía debía superar las eliminatorias, donde una derrota habría terminado con el sueño. Primero venció 20-14 a Cleveland Browns en la ronda divisional, en una eliminatoria muy cerrada. Después visitó a Pittsburgh Steelers y ganó 17-21 el campeonato de la Conferencia Americana, con Griese participando tras su recuperación.
Así llegó al Super Bowl VII con 16 triunfos consecutivos, a una sola victoria de completar una campaña perfecta. El adversario era Washington Redskins, nombre que utilizaba entonces la franquicia, entrenado por George Allen, en un partido disputado el 14 de enero de 1973 en el Los Angeles Memorial Coliseum. No había margen para otra oportunidad: el título y el récord dependían del mismo encuentro.
Super Bowl VII: la victoria que aseguró la eternidad
Miami abrió el marcador gracias a un pase de touchdown de 28 yardas de Griese a Howard Twilley. Antes del descanso, Jim Kiick añadió otra anotación mediante una carrera de una yarda, colocando el 14-0. La defensa tomó entonces el protagonismo y mantuvo a raya al ataque de Washington, con actuaciones destacadas de Fernandez y del safety Jake Scott.
Scott interceptó dos pases y fue elegido Jugador Más Valioso (MVP) del Super Bowl. La única anotación de Washington llegó tras una jugada insólita: el intento de gol de campo de Garo Yepremian fue bloqueado, el pateador trató de lanzar un pase y Mike Bass acabó devolviendo el balón hasta la zona de anotación. El resultado terminó 14-7 para Miami, suficiente para confirmar el histórico 17-0.

¿Por qué ningún otro equipo ha repetido la hazaña?
Otros conjuntos han terminado invictos la temporada regular, pero no consiguieron cerrar el camino con el campeonato. Los New England Patriots de 2007, liderados por Tom Brady, ganaron sus 16 encuentros de fase regular y dos partidos de Playoffs. Sin embargo, perdieron ante New York Giants en el Super Bowl XLII y acabaron con balance de 18-1.
Miami, en cambio, volvió a coronarse al año siguiente al derrotar a Minnesota Vikings en el Super Bowl VIII. Aquello confirmó una etapa de excelencia, aunque su condición de único campeón perfecto de la NFL corresponde específicamente a la temporada de 1972. La combinación de talento, resiliencia y trabajo colectivo explica por qué el equipo de Shula conserva un lugar privilegiado entre los grandes de todos los tiempos.
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