los Warriors en la NBA 2026

Dinastía de los Warriors: ¡Curry cambió la NBA!

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Emmanuel Soriano

CM y CC: Me gustan los deportes pero entre mis favoritos está la lucha libre mexicana, el básquetbol y la F1, ¡soy Checolover declarado!

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La historia de la NBA está segmentada por eras de dominio absoluto, equipos que no solo ganaban campeonatos, sino que definían el espíritu de su época. Desde los Boston Celtics de Bill Russell en los años 60, pasando por el ‘Showtime’ de Los Angeles Lakers en los 80, hasta los imponentes Chicago Bulls de Michael Jordan en los 90. Sin embargo, en el panorama del baloncesto moderno, ninguna franquicia ha redefinido la geometría, las matemáticas y la forma en que se juega al baloncesto de manera tan drástica como los Golden State Warriors en la segunda década del siglo XXI.

En el epicentro de este terremoto deportivo se encuentra un núcleo histórico: Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green, cuya potencia alcanzó un nivel de invencibilidad casi mítica con la adición de una de las mayores fuerzas ofensivas de la historia, Kevin Durant. Esta es la crónica de cómo una alineación perfecta de talento y sistema dominó la liga y cambió el deporte para siempre.

Los cimientos: la revolución de los ‘Splash Brothers’

Para entender la magnitud del equipo que incluyó a Kevin Durant, primero hay que comprender la sólida base estructural sobre la que aterrizó. Antes del verano de 2016, los Warriors ya habían iniciado su propia revolución. Liderados por Steve Kerr desde el banquillo, el equipo implementó un sistema orgánico basado en el movimiento constante del balón, cortes veloces hacia el aro y, sobre todo, una confianza ciega y sin precedentes en el tiro de tres puntos.

Stephen Curry y Klay Thompson, bautizados como los ‘Splash Brothers’, demostraron empíricamente que un equipo construido alrededor del tiro perimetral podía ser campeón, desmintiendo el viejo dogma de la NBA instaurado por Charles Barkley que dictaba que los equipos tiradores sufrían en la dureza de los playoffs.

Los Warriors ganaron el anillo en 2015 y, en la temporada 2015-2016, lograron el mejor récord en la historia de la liga con 73 victorias y solo 9 derrotas, superando a los míticos Bulls del 96. Sin embargo, esa campaña histórica terminó en profunda amargura al perder las Finales de la NBA tras desaprovechar una ventaja de 3-1 contra los Cleveland Cavaliers de LeBron James. Esa dolorosa e inesperada derrota fue el catalizador que desencadenó el movimiento de mercado más impactante en la historia moderna del deporte.

El terremoto de 2016: la llegada de Kevin Durant

El 4 de julio de 2016, el balance de poder de la NBA se quebró. Kevin Durant, ex MVP, cuatro veces máximo anotador de la liga y uno de los tres mejores jugadores del mundo, anunció a través del medio ‘The Players’ Tribune’ que dejaba el Oklahoma City Thunder para unirse a los Golden State Warriors. La noticia generó un shock mediático e indignación en muchos sectores de la afición. Los críticos argumentaron que la liga se había roto, que la falta de competitividad arruinaría el producto y que el movimiento era desleal.

Desde el punto de vista táctico, la idea de añadir a Durant —un alero de 2,08 metros con el manejo de balón de un base, una envergadura defensiva de élite y una eficacia anotadora letal desde cualquier punto de la cancha— a un equipo que ya contaba con dos de los mejores tiradores de la historia, parecía simplemente injusta.

La integración en la pista pudo haber sido un choque de egos, pero la cultura de Golden State lo evitó. Curry, de manera desinteresada y demostrando un liderazgo silencioso, dio un paso atrás en su protagonismo con el balón para que Durant se sintiera cómodo. Draymond Green continuó siendo el motor emocional y defensivo. El resultado de esta alquimia fue la evolución del Quinteto de la Muerte. Cuando los Warriors jugaban sin un pívot tradicional, con Green de cinco, Durant y Andre Iguodala en las alas, y los ‘Splash Brothers’ en el perímetro, creaban un dilema matemático imposible de resolver para las defensas rivales.

El dominio absoluto: el ‘back-to-back’

La temporada 2016-2017 fue una exhibición de superioridad abrumadora. Los Warriors no solo ganaban los partidos, desmoralizaban a sus oponentes con ráfagas de anotación imparables. Su dominio alcanzó su cenit absoluto en los playoffs de 2017. Golden State barrió las tres primeras rondas de la salvaje Conferencia Oeste, acumulando un récord de 12-0 antes de llegar a las Finales. Allí, frente a los Cavaliers de LeBron James y Kyrie Irving, aplastaron a Cleveland en cinco partidos, finalizando la postemporada con un récord histórico de 16-1. Kevin Durant fue nombrado MVP de las Finales tras promediar más de 35 puntos con una eficiencia asombrosa, anotando además el triple decisivo en el tercer partido en la cara de LeBron que sentenció el destino de la serie.

La campaña siguiente, 2017-2018, presentó un mayor desafío marcado por el desgaste físico y mental de la fatiga del campeonato. Los Houston Rockets, un equipo diseñado específicamente por Daryl Morey para derrotarlos, los llevaron al límite absoluto en las Finales de Conferencia, forzando un dramático séptimo partido. Sin embargo, el talento y la jerarquía de los Warriors prevalecieron. En las Finales de la NBA, barrieron a los Cavaliers por 4-0, consiguiendo el codiciado campeonato consecutivo (‘back-to-back’) y solidificando su estatus como dinastía. Durant repitió como MVP de las Finales, validando con anillos su polémica decisión de mudarse a la Bahía de San Francisco.

El impacto histórico y la evolución del baloncesto

El impacto histórico de este equipo trasciende las banderas colgadas en el Chase Center. Su legado real es cómo obligaron al resto del mundo del baloncesto a evolucionar a marchas forzadas. Los Warriors de Curry, Thompson y Durant aceleraron definitivamente la era del “Pace and Space” (ritmo alto y espacios abiertos).

A través de la analítica y su puro talento, demostraron que la eficiencia matemática del triple es inmensamente superior al juego de media distancia o en el poste bajo. Esto llevó a todos los equipos de la liga a reestructurar sus ofensivas, aumentando el volumen de triples a niveles estratosféricos. Además, consolidaron la eficacia del ‘Small Ball’. La figura del pívot tradicional, lento y anclado a la pintura, perdió valor frente a jugadores grandes y versátiles capaces de cambiar asignaciones en defensa e intercambiar posiciones en ataque.

Stephen Curry alteró para siempre el rango desde el que una defensa debe presionar el balón (estirando la cancha desde el logo central). Klay Thompson perfeccionó el arte de anotar decenas de puntos amasando el balón menos de un par de segundos por posesión. Y Kevin Durant demostró que se puede alcanzar la máxima eficiencia ofensiva incluso frente a las defensas zonales más complejas.

El final dramático y el legado eterno

Como en las mejores tragedias griegas, la era del super equipo tuvo un final súbito y doloroso. Durante los playoffs y las Finales de 2019 contra los Toronto Raptors, la salud del equipo colapsó. Kevin Durant sufrió la temida rotura del tendón de Aquiles en el quinto partido intentando salvar la temporada, y Klay Thompson se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla en el sexto partido. Los Warriors cayeron derrotados y, pocas semanas después, Durant decidió iniciar un nuevo capítulo firmando en la agencia libre con los Brooklyn Nets.

Fueron apenas tres temporadas con este núcleo exacto, un suspiro en los tiempos históricos de la liga, pero en ese breve lapso jugaron tres Finales, ganaron dos anillos y registraron el pico de talento baloncestístico más alto jamás reunido en una misma cancha de la NBA.

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