¿Los Bulls de Jordan son la mejor dinastía en la historia de la NBA?
CM y CC: Me gustan los deportes pero entre mis favoritos está la lucha libre mexicana, el básquetbol y la F1, ¡soy Checolover declarado!
La historia del deporte moderno está salpicada de equipos legendarios que dominaron sus respectivas épocas, pero muy pocos han logrado trascender su propia disciplina para convertirse en auténticos fenómenos culturales a nivel global.
Los Chicago Bulls de la década de 1990, liderados por la inigualable y magnética figura de Michael Jordan, son el epítome de esta rareza. A lo largo de una década, este equipo no solo dominó la National Basketball Association (NBA) ganando seis campeonatos en dos ciclos de tres (conocidos en inglés como ‘three-peats’), sino que reescribió las reglas del marketing deportivo, alteró de forma irreversible la táctica del baloncesto y globalizó una liga que, hasta entonces, tenía un alcance fundamentalmente nacional estadounidense.
El fin de la era de los gigantes y el muro de Detroit
Para comprender la magnitud del cambio que los Bulls introdujeron, es necesario observar el panorama de la NBA en los años 80. La liga había sido rescatada de los problemas de audiencia por la mágica rivalidad entre Larry Bird (Boston Celtics) y Earvin ‘Magic’ Johnson (Los Angeles Lakers). Era una liga definida históricamente por los hombres grandes, los pívots dominantes, y caracterizada por sistemas de juego tradicionales.
Cuando Michael Jordan fue seleccionado en el draft de 1984, aportó un atleticismo desafiante a la gravedad, pero durante sus primeros años, se topó constantemente con un muro insuperable: los Detroit Pistons. Conocidos como los Bad Boys, los Pistons utilizaron tácticas físicas brutales (las famosas ‘Jordan Rules’) para golpear, frustrar y detener a Jordan. Se hizo evidente que un solo hombre, por más brillante que fuera, no podía ganar un campeonato de la NBA por sí solo.
El cambio de paradigma comenzó a gestarse a finales de la década gracias a la visión del gerente general Jerry Krause y la llegada del entrenador Phil Jackson. Jackson, influenciado por su asistente Tex Winter, implementó un sistema táctico que lo cambiaría todo: el triángulo ofensivo.
Este sistema fue revolucionario porque quitó el balón de las manos de Jordan como único creador de juego. Obligó a que todos los jugadores en la cancha leyeran la defensa rival de forma simultánea, mantuvieran un espaciado geométrico perfecto y compartieran la responsabilidad en ataque. Esto no solo hizo que los Bulls fueran impredecibles y difíciles de defender, sino que permitió el florecimiento de Scottie Pippen. Bajo este sistema, Pippen se convirtió en el arquetipo definitivo del alero versátil moderno: un jugador capaz de defender las cinco posiciones, organizar el ataque como un base y anotar con contundencia.
El primer ‘Three-Peat’ (1991-1993)
El primer ciclo de tres campeonatos consecutivos marcó el fin de la era dorada de los 80. En las Finales de 1991, los Bulls derrotaron a los Lakers de Magic Johnson, un momento profundamente simbólico de paso de antorcha. Durante este período, Jordan y los Bulls demostraron empíricamente que un equipo construido alrededor de un jugador exterior (un escolta) podía ganar campeonatos, destruyendo el viejo dogma del baloncesto de que los anillos solo los ganan los pívots.
Vencieron a los Portland Trail Blazers de Clyde Drexler en 1992 y a los Phoenix Suns de Charles Barkley en 1993. Los Bulls jugaban con una ferocidad competitiva inigualable y una estética acrobática que dejaba atónito al público. Michael Jordan se transformó en una figura casi mitológica, promediando unos salvajes 41 puntos por partido en las Finales del 93 y consolidándose como un asesino competitivo que siempre encontraba la manera de triunfar.
La tragedia, el retiro y el “I’m back”
La historia tomó un giro dramático y casi cinematográfico en el verano de 1993. Tras el trágico asesinato de su padre, un agotado Jordan anunció su retiro del baloncesto a la temprana edad de 30 años, en la cima absoluta de su poder físico y mediático, para intentar jugar al béisbol profesional de las ligas menores.
Durante su ausencia, la NBA sintió un vacío inmenso. Aunque los Bulls siguieron siendo un equipo competitivo gracias al liderazgo y madurez de Pippen, no pudieron alcanzar el campeonato. Pero el 18 de marzo de 1995, Jordan emitió un comunicado de prensa de solo dos palabras, transmitido por fax, que paralizó al mundo entero: “I’m back” (He vuelto). Aunque ese año cayeron eliminados en los playoffs por los emergentes Orlando Magic, aquel fracaso sirvió como combustible para forjar al que muchos consideran el mejor equipo de todos los tiempos.
El segundo ‘Three-Peat’ (1996-1998) y la perfección del 72-10
Para su segunda etapa de dominio, los Bulls se reinventaron con un toque de excentricidad y dureza. Añadieron a Dennis Rodman, la figura más polémica pero el mejor reboteador de la liga. Junto a Jordan, Pippen, y jugadores de rol excepcionales como el pionero croata Toni Kukoč, Ron Harper y el letal tirador Steve Kerr, formaron una máquina baloncestística casi perfecta.
En la temporada 1995-1996 lograron un récord histórico en fase regular de 72 victorias y solo 10 derrotas. Vencieron a los agresivos Seattle SuperSonics en las Finales del 96. Luego, superaron a los rudos Utah Jazz en el 97 (recordado por el heroico ‘Flu Game’, donde Jordan jugó visiblemente enfermo y deshidratado) y nuevamente a los Jazz en 1998, culminando su reinado con el famoso Último Tiro (‘The Last Shot’) de Jordan en Salt Lake City, congelando el tiempo a falta de cinco segundos para el final.
Cómo cambiaron la NBA y el mundo en los años 90
El impacto de esta dinastía se puede clasificar en cuatro pilares transformacionales que forjaron la NBA moderna.
La evolución de la posición de estrella
Los Bulls demostraron que el perímetro era el nuevo campo de batalla decisivo. Redujeron la dependencia de los gigantes de pintura y allanaron el camino conceptual para futuras leyendas exteriores como Kobe Bryant, Dwyane Wade o LeBron James. El baloncesto se volvió más rápido, estético y dinámico.
La defensa versátil y sin posiciones
La dupla defensiva de Pippen y Jordan instauró el terror perimetral. Su increíble capacidad física para intercambiar marcas constantemente (switching) sentó las bases para el ‘positionless basketball’ (baloncesto sin posiciones) que hoy es norma en la liga, donde la flexibilidad y la envergadura superan a la altura estática.
La globalización definitiva
Si bien el ‘Dream Team’ de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 (con Jordan y Pippen a la cabeza) encendió la mecha en el extranjero, fueron los Bulls la gasolina semanal que mantuvo ese fuego vivo. Se convirtieron en el equipo por defecto de cualquier adolescente desde Tokio hasta Buenos Aires. La camiseta roja con el número 23 pasó a ser la prenda deportiva más famosa de la historia humana.
El imperio del marketing y la cultura urbana
impulsada por los Bulls, la línea Air Jordan de Nike creó de la nada la actual cultura de los ‘sneakers’ (coleccionismo de zapatillas). Los jugadores dejaron de ser meros atletas para transmutarse en iconos de la moda, el hip-hop y corporaciones multimillonarias andantes. Los partidos de Chicago dejaron de ser simples juegos para convertirse en el epicentro de la cultura pop de los 90.
La dinastía de los Chicago Bulls fue el puente dorado que conectó la era clásica y ruda del baloncesto con el colosal imperio de entretenimiento deportivo del siglo XXI. Fueron un equipo que combinó de manera sublime la geometría táctica de Phil Jackson con la belleza atlética incomparable de Michael Jordan y la eficiencia total de Scottie Pippen. No solo coleccionaron seis trofeos Larry O’Brien; forjaron una leyenda incombustible que hoy en día sigue siendo la vara de medir universal para la grandeza. Transformaron para siempre un simple juego de lanzar un balón por un aro, elevándolo a la categoría de religión global.
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